Medicamentos para la presión arterial: tipos, efectos secundarios y seguridad
ene, 13 2026
La presión arterial alta no tiene síntomas, pero puede dañar tu corazón, riñones y cerebro sin que lo notes. Por eso, millones de personas toman medicamentos todos los días sin saber si realmente les están ayudando o si están sufriendo efectos secundarios que ni siquiera relacionan con lo que toman. En España, cerca del 40% de los adultos mayores de 45 años tiene hipertensión, y casi la mitad de ellos toman medicamentos. Pero no todos los fármacos son iguales. Algunos te hacen orinar más, otros te dejan con los tobillos hinchados, y algunos pueden incluso empeorar tu azúcar en sangre o tu ritmo cardíaco. Entender qué medicamento te están recetando, por qué y qué puedes esperar, no es un lujo: es vital para tu salud.
¿Qué tipos de medicamentos se usan para bajar la presión arterial?
Hay ocho clases principales de medicamentos para la presión arterial, y cada una actúa de forma diferente. No se trata de probar uno hasta que funcione: el médico elige según tu edad, etnia, otros problemas de salud y cómo responde tu cuerpo.
- Diuréticos (como hidroclorotiazida): Son los más usados como primer paso. Eliminan el exceso de sal y agua por la orina, reduciendo el volumen de sangre. Son baratos, eficaces y tienen décadas de evidencia a su favor. Pero pueden bajar demasiado el potasio, lo que causa debilidad o calambres.
- Bloqueadores beta (como metoprolol o propranolol): Reducen la frecuencia cardíaca y la fuerza con que el corazón bombea. Se usan mucho si has tenido un infarto o tienes insuficiencia cardíaca. Pero pueden hacer que te sientas cansado, con las manos frías o con problemas para dormir. También pueden esconder los síntomas de un bajo nivel de azúcar en sangre, algo peligroso si eres diabético.
- Inhibidores de la ECA (como lisinopril): Impiden que el cuerpo produzca una sustancia que aprieta los vasos sanguíneos. Son excelentes si tienes diabetes o enfermedad renal, porque protegen los riñones. Pero uno de cada cinco pacientes desarrolla una tos seca y persistente que no se va con antibióticos. Si eso pasa, cambian el medicamento.
- Bloqueadores de los receptores de angiotensina II (ARBs) (como losartán): Funcionan igual que los inhibidores de la ECA, pero sin causar tos. Son la alternativa perfecta si no puedes tolerar el lisinopril. Sin embargo, también pueden subir el potasio y están contraindicados en el embarazo.
- Bloqueadores de canales de calcio (como amlodipino): Relajan los vasos sanguíneos. Son muy eficaces, especialmente en personas mayores y de origen africano. Pero pueden causar hinchazón en los tobillos, mareos o incluso encías más grandes. No se usan si tienes insuficiencia cardíaca con baja capacidad de bombeo.
- Bloqueadores alfa (como doxazosin): Se usan menos, pero ayudan si tienes problemas de próstata o hipertensión resistente. Pueden bajar mucho la presión al levantarte, causando mareos repentinos.
- Antagonistas de la aldosterona (como espirolactona): Se usan en casos difíciles, especialmente si tienes insuficiencia cardíaca. Pueden subir el potasio y, en hombres, causar sensibilidad en los pechos o disfunción sexual.
- Inhibidores directos de la renina (como aliskiren): Son nuevos y caros. Solo se usan si otros medicamentos fallan, y nunca combinados con ECA o ARBs.
¿Cuáles son los efectos secundarios más comunes y cómo reconocerlos?
La mayoría de los medicamentos para la presión arterial no causan efectos secundarios graves, pero muchos sí generan molestias que hacen que la gente deje de tomarlos. Y ahí está el problema: si dejas de tomarlo, tu presión vuelve a subir, y el daño continúa.
Con los diuréticos, lo más común es ir al baño más veces, especialmente al principio. También pueden bajar el potasio, lo que se nota con calambres musculares, fatiga o latidos irregulares. Si te recetan hidroclorotiazida, tu médico debe pedirte un análisis de sangre cada pocos meses para revisar los electrolitos.
Con los bloqueadores beta, la fatiga es el principal problema. Muchos pacientes piensan que están enfermos, pero en realidad solo están reaccionando al medicamento. También pueden empeorar los síntomas del asma o causar depresión leve. Si tienes diabetes, debes revisar tu glucosa con más frecuencia: estos fármacos pueden ocultar el sudor, el temblor o el hambre que te avisan de un bajo nivel de azúcar.
Los inhibidores de la ECA causan tos seca en hasta el 20% de los pacientes. No es una infección, no es alergia: es un efecto directo del medicamento. Si empiezas a toser sin razón y no mejoras en dos semanas, habla con tu médico. No intentes tomar jarabes: lo único que funciona es cambiar de medicamento.
Con los bloqueadores de calcio, la hinchazón en los tobillos es muy común. No es grasa ni retención de líquidos por mala alimentación: es el medicamento haciendo que los vasos se relajen demasiado en las piernas. Si te quedas con marcas de los calcetines o no puedes ponerte los zapatos por la tarde, es señal de que el medicamento está actuando -y quizás necesitas un ajuste.
Los ARBs tienen casi los mismos efectos que los inhibidores de la ECA, pero sin tos. Sin embargo, pueden subir el potasio. Si tienes enfermedad renal o tomas suplementos de potasio, esto puede ser peligroso. El riesgo aumenta si también tomas antiinflamatorios como el ibuprofeno.
¿Qué medicamentos no debes combinar?
No es solo lo que tomas, sino lo que tomas junto con lo que te recetan. Algunas combinaciones pueden ser peligrosas.
Evita tomar antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno, diclofenaco) si estás en ECA, ARBs o diuréticos. Juntos pueden dañar tus riñones de forma repentina, especialmente si eres mayor o tienes diabetes. Si te duele la cabeza o las articulaciones, usa paracetamol en su lugar.
Nunca combines ECA y ARBs. Aunque parezca lógico: “si uno es bueno, dos serán mejor”, esto aumenta el riesgo de insuficiencia renal y niveles peligrosamente altos de potasio, sin mejorar la presión arterial. Algunos médicos lo hacen por error, pero está contraindicado en guías internacionales.
Si tomas medicamentos para el colesterol como estatinas, algunos bloqueadores de calcio (como verapamilo o diltiazem) pueden hacer que las estatinas se acumulen en tu cuerpo y causen daño muscular. Si notas dolor muscular intenso o orina oscura, busca ayuda inmediata.
Los suplementos de potasio o las sales de bajo contenido de sodio que contienen potasio pueden ser peligrosos si tomas ECA, ARBs o espironolactona. Tu cuerpo ya tiene suficiente. Más potasio no es mejor: puede detener tu corazón.
¿Qué pasa si estás embarazada o eres mayor?
Si estás embarazada, muchos medicamentos para la presión arterial están prohibidos. Los inhibidores de la ECA, los ARBs y los inhibidores de la renina pueden causar malformaciones graves en el feto, incluso en el primer trimestre. Las únicas opciones seguras son metildopa y labetalol. Si ya tomabas otro medicamento y descubres que estás embarazada, no lo dejes de tomar por tu cuenta: llama a tu médico de inmediato.
En personas mayores, el cuerpo procesa los medicamentos más lento. Por eso, se empieza con dosis más bajas. Los ancianos son más sensibles a la caída de presión al levantarse, lo que aumenta el riesgo de caídas y fracturas. Si te mareas al levantarte de la cama o de la silla, avísalo. Tu médico puede bajar la dosis o cambiar el medicamento. También es común que los mayores tomen cinco o más medicamentos: cada uno puede interactuar. Revisa con tu farmacéutico al menos una vez al año.
¿Cuándo se necesitan dos medicamentos o más?
La mayoría de las personas con hipertensión necesitan más de un medicamento. Según estudios, alrededor del 70% de los pacientes requieren dos o más fármacos para alcanzar su meta de presión arterial. No es un fracaso: es la norma.
Si tu presión está por encima de 140/90 mmHg, las guías actuales recomiendan empezar con dos medicamentos desde el principio. La combinación más común es un diurético más un bloqueador de calcio, o un diurético más un inhibidor de la ECA. A veces se usan tres: por ejemplo, amlodipino + lisinopril + hidroclorotiazida.
Las combinaciones en una sola pastilla (como los fármacos de acción combinada) son muy útiles. Te ayudan a recordar, reducen el riesgo de olvidar una dosis y muchas veces tienen menos efectos secundarios que tomar pastillas separadas. Si tu médico te receta una combinación, no la cambies por dos pastillas individuales: puede ser menos efectiva y más costosa.
¿Cómo saber si el medicamento está funcionando?
La presión arterial no se mide una sola vez en la consulta. Se necesita seguimiento. Tu médico te pedirá que la midas en casa, al menos dos veces por semana, en reposo y en las mismas horas. Una lectura de 120/80 mmHg o menos es el objetivo general. Para personas con diabetes o enfermedad renal, el objetivo puede ser más bajo: 130/80 mmHg.
Los análisis de sangre son clave. Si tomas ECA, ARBs o diuréticos, necesitas controles de potasio y función renal cada 3-6 meses. Si tomas bloqueadores beta, revisa tu azúcar si eres diabético. Si tomas diuréticos, verifica tu sodio y magnesio.
El mayor riesgo no es el medicamento: es dejarlo de tomar. Estudios muestran que casi la mitad de las personas abandonan sus medicamentos en el primer año. No porque no funcionen, sino porque no sienten nada. La hipertensión es silenciosa. Tu cuerpo no te avisa cuando está dañándose. Si te sientes bien, es porque el medicamento está haciendo su trabajo.
¿Qué puedes hacer para mejorar la adherencia?
Tomar un medicamento todos los días es difícil. La clave está en hacerlo parte de tu rutina. Pon las pastillas junto al cepillo de dientes, o usa una caja con días de la semana. Usa apps de recordatorios: hay estudios que muestran que quienes las usan mejoran su adherencia en un 15-20%.
Si tienes efectos secundarios, no te rindas. Habla con tu médico. Hay alternativas. Si el lisinopril te hace toser, prueba losartán. Si el amlodipino te hincha los tobillos, puede que un diurético te vaya mejor. No hay un medicamento perfecto para todos, pero sí hay uno que te va bien a ti.
La hipertensión no se cura, pero se controla. Y cuando se controla, reduces hasta un 40% el riesgo de infarto y un 50% el riesgo de accidente cerebrovascular. Eso no es poco. Es lo que te permite seguir viviendo sin limitaciones, sin hospitalizaciones, sin secuelas.
La próxima vez que te preguntes si vale la pena tomar esa pastilla, recuerda: no estás tomando un medicamento para sentirte bien. Estás tomando uno para seguir estando bien, aunque no lo notes.
alonso mondaca
enero 14, 2026 AT 23:20Qué buen post, de verdad. Yo llevaba años con la presión alta y no sabía que la tos seca que tenía era por el lisinopril. Cuando cambié a losartán, desapareció en una semana. Y sí, los tobillos hinchados con el amlodipino son un coñazo, pero mejor que subir la presión. No te rindas si el primero no te va, hay alternativas.
Y ojo con los ibuprofenos, los he usado para el dolor de espalda y luego me subió la presión como una montaña rusa. Paracetamol es tu amigo.