Oncologic Imaging: PET-CT, MRI y la Precisión en el Estadio del Cáncer

Oncologic Imaging: PET-CT, MRI y la Precisión en el Estadio del Cáncer feb, 22 2026

El cáncer no se trata solo con quimioterapia o cirugía. Antes de decidir qué hacer, los médicos necesitan saber exactamente dónde está el tumor, cuánto ha crecido y si ha llegado a otros órganos. Eso se llama estadio. Y para eso, las imágenes médicas son clave. Hoy en día, tres tecnologías dominan esta tarea: PET-CT, MRI y, cada vez más, PET-MRI. Cada una tiene sus ventajas, sus límites y sus momentos perfectos. No hay una mejor en todos los casos. La clave está en elegir la correcta para cada paciente y cada tipo de cáncer.

¿Qué es el estadio del cáncer y por qué importa tanto?

El estadio del cáncer no es solo un número. Es el mapa que dice si el tumor es pequeño y localizado (estadio I) o si ya se ha extendido a ganglios linfáticos o a órganos lejanos (estadio IV). Esto decide si un paciente necesita cirugía, radiación, quimioterapia, o una combinación. Un estadio mal evaluado puede significar que un tumor se deja pasar, o que un paciente recibe tratamiento innecesario con efectos secundarios graves. Por eso, la precisión en las imágenes no es un lujo: es una necesidad vital.

Imagina un tumor en el pulmón. Una radiografía normal puede mostrar una sombra, pero no dice si es maligno, ni si ha invadido el corazón o los huesos. Aquí entran en juego las imágenes avanzadas. Cada tecnología aporta una pieza diferente del rompecabezas.

PET-CT: el trabajo pesado de la oncología

El PET-CT combina dos mundos: el metabolismo y la anatomía. La parte PET usa un rastreador radiactivo, casi siempre 18F-FDG, que se acumula en las células con mucho metabolismo -como las del cáncer-. La parte CT da una imagen detallada del cuerpo, como una tomografía convencional. Juntas, muestran no solo dónde está el tumor, sino también cuán activo es.

Esta combinación se volvió estándar después de 2001, cuando los primeros equipos comerciales llegaron a los hospitales. Hoy, es el método más usado en todo el mundo. Es rápido: un estudio completo toma entre 15 y 20 minutos. Es eficaz para muchos cánceres: pulmón, linfoma, melanoma, cáncer colorrectal. Y es capaz de detectar metástasis que otras pruebas pasan por alto.

Pero tiene sus problemas. Usa radiación -entre 10 y 25 mSv por estudio-, lo que suma exposición si el paciente necesita múltiples revisiones. También falla en algunos tumores. Por ejemplo, en ciertos cánceres de próstata o cerebro, las células no absorben mucho FDG, así que el PET puede verse «limpio» aunque el cáncer esté allí.

MRI: la imagen con más detalle, sin radiación

La resonancia magnética (MRI) no usa radiación. En su lugar, usa campos magnéticos y ondas de radio para crear imágenes de los tejidos blandos con un nivel de detalle que ninguna otra tecnología iguala. Esto la hace ideal para tumores en el cerebro, la médula espinal, el hígado, la próstata o el útero.

Un MRI de 3 Tesla puede distinguir entre una célula cancerosa y un tejido normal con una resolución de hasta 0.5 mm. Técnicas como la imagen de difusión (DWI) incluso muestran cómo se mueve el agua dentro de los tejidos -algo que cambia en los tumores-. En el cáncer de próstata, el MRI multiparamétrico ha reemplazado a la biopsia aleatoria en muchos casos, porque permite localizar con precisión las zonas sospechosas.

Pero no es perfecto. Toma mucho más tiempo: entre 30 y 60 minutos. No sirve para pacientes con marcapasos, implantes metálicos o claustrofobia. Y aunque muestra muy bien la forma y el tamaño del tumor, no siempre distingue si un tejido es canceroso o solo inflamado.

Cerebro con tumor iluminado por PET-MRI, tejidos nerviosos y núcleo metabólico en estilo de cómic oscuro y detallado.

PET-MRI: la unión que cambia el juego

En 2010, Siemens lanzó el primer PET-MRI comercial. Era un sueño: tener la sensibilidad metabólica del PET y el detalle anatómico del MRI en una sola máquina. Hoy, esta tecnología sigue siendo costosa y menos común, pero está ganando terreno donde importa más: en tumores complejos.

En el cerebro, por ejemplo, es casi indispensable. Después de la radioterapia, es difícil saber si una lesión es tumor recurrente o daño por radiación. El MRI solo lo acierta en un 70-80%. El PET-MRI lo hace en un 85-90%. En el hígado, un estudio de 2022 mostró que el 68% de los radiólogos confían más en el PET-MRI para diferenciar metástasis de quistes benignos.

En el cáncer de páncreas, una investigación de 2023 encontró que el PET-MRI cambió el plan de tratamiento en casi la mitad de los pacientes. ¿Por qué? Porque detectó metástasis ocultas que el PET-CT pasó por alto.

Y por supuesto, reduce la radiación. Al eliminar el escaneo CT, el PET-MRI corta la exposición a la mitad. Esto es crucial para niños, adolescentes y adultos jóvenes que necesitan seguimiento durante años.

¿Cuándo usar cada una? Comparación práctica

No hay una regla universal. Pero hay patrones claros. Aquí te dejamos una guía basada en evidencia real:

Comparación de PET-CT, MRI y PET-MRI en cánceres comunes
Cáncer PET-CT MRI PET-MRI
Próstata Buena para metástasis óseas, pero pobre en localización primaria Mejor para detección inicial y evaluación local Mejor combinación para estadio completo y recaídas
Pulmón (no microcítico) Estándar de oro para estadio y metástasis Útil para lesiones mediastinales Mejor en casos complejos o cuando se necesita reducir radiación
Cerebro Limitado: no distingue bien recidiva de necrosis Buena, pero con errores frecuentes Superior: 85-90% de precisión en diferenciar recidiva
Hígado y páncreas Medio: puede perder metástasis pequeñas Excelente para anatomía, pero no siempre para actividad Mejor opción: detecta más lesiones y cambia tratamiento en 49% de casos
Pelvis (cervical, uterino, rectal) Útil, pero con menor contraste de tejidos Excelente para extensión local Superior: combina actividad tumoral con anatomía detallada
Pediatría Evitar si es posible por radiación Buena opción Recomendado: sin radiación + alta sensibilidad
Máquina PET-MRI biomecánica escaneando a un paciente, con capas de datos flotantes y radiólogos en estilo Kentaro Miura.

Costos, accesibilidad y desafíos reales

El PET-CT cuesta entre 1.8 y 2.5 millones de dólares. El PET-MRI, entre 3 y 4.2 millones. Y eso es solo la máquina. El MRI requiere una sala blindada con costos de hasta 250,000 dólares. El PET-CT solo necesita blindaje de plomo, más barato. Por eso, en muchos hospitales, el PET-CT sigue siendo el único disponible.

El tiempo también cuenta. Un PET-CT dura 20 minutos. Un MRI, hasta una hora. Un PET-MRI, entre 45 y 60 minutos. Para pacientes enfermos, ancianos o con dolor, esa duración puede ser insoportable. Y si se mueven, las imágenes se borran.

La formación también es más exigente. Un radiólogo necesita 6-12 meses para dominar el PET-CT. Para el PET-MRI, se necesitan 3-6 meses adicionales. Muchos centros no tienen el personal capacitado. Y en Estados Unidos, el costo por estudio de PET-MRI es un 50% más caro que el PET-CT: entre 2,500 y 3,500 dólares frente a 1,600 y 2,300.

¿Vale la pena? En ciertos casos, sí. Un estudio de 2021 mostró que el 82% de los centros que usan PET-MRI lo mantienen porque la información que da cambia decisiones clínicas. Pero solo el 45% lograron integrarlo sin problemas. El mayor obstáculo: los artefactos en la corrección de atenuación. Si no se corrige bien, el PET puede dar lecturas falsas.

Lo que viene: inteligencia artificial y nuevos rastreadores

En 2024, Siemens lanzó el BioMatrix 600, un PET-MRI que hace un escaneo completo del cuerpo en solo 6 minutos. Eso resuelve uno de los mayores problemas: el tiempo.

También hay nuevos rastreadores. En vez de FDG, ahora se usan moléculas como 68Ga-PSMA-11 para el cáncer de próstata, que se adhiere mucho mejor a las células cancerosas. Combinar esto con MRI multiparamétrico es el futuro.

La inteligencia artificial también está entrando. En la RSNA 2023, se presentaron algoritmos que analizan patrones en imágenes PET-MRI para predecir si un tumor responderá a la quimioterapia, antes incluso de que el paciente la reciba. Esto no es ciencia ficción: ya se prueba en ensayos clínicos como el NCI PREDICT (NCT04535920).

Conclusión: no hay una sola solución, pero sí una decisión correcta

El PET-CT sigue siendo el trabajo pesado de la oncología: rápido, disponible, eficaz para muchos cánceres. El MRI es el maestro de los tejidos blandos, sin radiación, pero lento y limitado en algunos casos. El PET-MRI es el superpoder: más preciso, menos radiación, mejor para tumores complejos… pero caro, lento y difícil de implementar.

La decisión no depende de qué tecnología es «mejor». Depende de:

  • ¿Qué tipo de cáncer tiene el paciente?
  • ¿Dónde está el tumor?
  • ¿Necesita seguimiento a largo plazo?
  • ¿Tiene implantes o es niño?
  • ¿El centro tiene la experiencia y los recursos?

En Vigo, como en muchos lugares de Europa, los hospitales grandes ya usan PET-MRI para cáncer de próstata, cerebro y hígado. Pero para un paciente con linfoma, el PET-CT sigue siendo la opción más rápida y efectiva.

La oncología moderna no se trata de tener la tecnología más avanzada. Se trata de usar la correcta en el momento correcto.

¿Cuál es la diferencia entre PET-CT y PET-MRI?

El PET-CT combina una imagen metabólica (PET) con una tomografía computarizada (CT), que muestra la anatomía con radiación. El PET-MRI combina el mismo PET con una resonancia magnética (MRI), que no usa radiación y ofrece mejor contraste de tejidos blandos. La principal diferencia es que el PET-MRI da más detalle en órganos como el cerebro, hígado o pelvis, pero tarda más y cuesta más. El PET-CT es más rápido, más accesible y sigue siendo el estándar para muchos cánceres.

¿El MRI puede reemplazar al PET-CT en todos los casos?

No. El MRI es excelente para ver la forma y la extensión local del tumor, pero no siempre detecta si una célula es cancerosa por su actividad metabólica. El PET sí lo hace, porque usa un rastreador que se acumula en células con alto metabolismo. En cánceres como el de pulmón o linfoma, el PET-CT sigue siendo más sensible para encontrar metástasis lejanas. El MRI solo es suficiente en casos específicos, como el cáncer de próstata localizado.

¿Es más seguro el PET-MRI por no usar radiación?

Sí, en parte. El MRI no usa radiación, pero el PET sí -aunque en el PET-MRI se reduce la dosis total en un 50% porque se elimina el escaneo CT. Por eso, el PET-MRI es mucho más seguro para niños, mujeres embarazadas (en casos extremos) y pacientes que necesitan múltiples seguimientos. Pero no es cero radiación. El rastreador radiactivo (como el 18F-FDG) aún se inyecta.

¿Por qué el PET-MRI no es el estándar universal?

Por tres razones: costo, tiempo y complejidad. Un PET-MRI cuesta más del doble que un PET-CT. El estudio dura casi el doble de tiempo, lo que dificulta el flujo de pacientes. Y requiere radiólogos y técnicos especializados en ambas tecnologías. Muchos hospitales no tienen los recursos para mantenerlo. Además, en muchos cánceres comunes, el PET-CT ya funciona muy bien.

¿Qué avances hay en 2026 en imágenes oncológicas?

En 2026, los avances más importantes son: 1) Equipos PET-MRI más rápidos, como el BioMatrix 600, que reducen el tiempo de escaneo a 6 minutos; 2) Nuevos rastreadores como el 68Ga-PSMA-11 para próstata y el 68Ga-DOTA-TATE para tumores neuroendocrinos; y 3) Inteligencia artificial que analiza patrones en imágenes para predecir cómo responderá el cáncer al tratamiento, antes de que se inicie. Todo esto apunta a una oncología más personalizada.