Presión de precios y escasez: consecuencias económicas en salud y medicamentos

Presión de precios y escasez: consecuencias económicas en salud y medicamentos feb, 2 2026

¿Por qué los medicamentos se vuelven más caros y difíciles de encontrar?

En 2021, una farmacia en Vigo no tenía suficiente insulina para cubrir las necesidades de sus clientes diabéticos. No fue un caso aislado. En toda Europa, hospitales y clínicas empezaron a alertar de escasez de medicamentos esenciales: antibióticos, anticoagulantes, fármacos para la hipertensión. Al mismo tiempo, los precios subían hasta un 30% en solo 18 meses. Esto no fue un error. Fue el resultado de una combinación de presión de precios y rupturas en la cadena de suministro que afectaron directamente la salud pública.

La economía no se detiene cuando una persona necesita su medicamento. Pero cuando las fábricas de ingredientes activos en la India o China cierran por problemas logísticos, o cuando el gas natural sube y encarece la producción farmacéutica, los efectos llegan rápido a las estanterías de las farmacias. Según la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria del Reino Unido, los costes de producción de medicamentos esenciales aumentaron entre un 25% y un 40% en 2021, por culpa de la energía y los envases. Y eso se traduce directamente en lo que pagamos en la farmacia.

¿Qué pasa cuando la oferta no puede seguir la demanda?

Imagina que todos los pacientes de hipertensión en España necesitan un medicamento específico. Ahora imagina que solo una planta en la India lo produce, y esa planta tuvo que parar por una tormenta, un corte de energía o una restricción de exportación. La demanda sigue igual, pero la oferta se desploma. Eso es una escasez por presión de oferta.

Los economistas lo llaman shock de oferta. Y cuando ocurre en medicamentos, los efectos son más fuertes que en cualquier otro bien. Según el Federal Reserve de Cleveland, un shock de oferta eleva los precios hasta cinco veces más que un aumento de la demanda. En el caso de los medicamentos, no hay alternativas fáciles. No puedes sustituir un anticoagulante por otro sin riesgo para la vida del paciente. Por eso, cuando hay escasez, los precios se disparan, los hospitales priorizan casos críticos, y los pacientes tienen que esperar semanas o cambiar de tratamiento.

En 2022, el 76% de los fabricantes farmacéuticos europeos reportaron retrasos en la entrega de materias primas. Algunos medicamentos tardaban 90 días en llegar, cuando antes tardaban 20. En España, la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) registró más de 300 escaseces de medicamentos en 2023, muchas de ellas prolongadas más de seis meses.

El efecto dominó en los costes sanitarios

La presión de precios no se queda en el medicamento. Se extiende a toda la cadena de atención sanitaria. Cuando un fármaco se vuelve más caro, los hospitales buscan alternativas. A veces, es un medicamento menos eficaz. Otras, es un tratamiento más invasivo, como una cirugía en lugar de una terapia oral. Eso aumenta el gasto en personal, equipamiento y tiempo de hospitalización.

Un estudio del Banco Central Europeo en 2022 mostró que las interrupciones en la cadena de suministro de medicamentos aumentaron los costes sanitarios totales en un 1,2% en los países europeos. En términos reales, eso significa que un hospital de tamaño medio en Galicia tuvo que gastar 150.000 euros más en 2022 solo por compensar escaseces. Ese dinero no se saca del aire. Se resta de otros servicios: menos pruebas de detección, menos horas de fisioterapia, menos medicamentos para enfermedades crónicas.

Y no solo afecta a los sistemas públicos. Las aseguradoras privadas suben las primas. Los pacientes con enfermedades crónicas ven cómo sus copagos se duplican. En muchos casos, deciden no comprar el medicamento. Eso lleva a complicaciones, hospitalizaciones y, en el peor de los casos, muertes evitables.

Cadena de suministro farmacéutica rota como una espina dorsal mecánica, con pacientes desvaneciéndose a lo largo de tuberías que sangran humo rojo.

¿Por qué los controles de precios empeoran la escasez?

Es lógico pensar que si los medicamentos se ponen demasiado caros, el gobierno debe fijar un precio máximo. Pero eso, en la práctica, hace las cosas peor. Cuando el precio está congelado, pero los costes de producción suben, las empresas no ganan nada vendiendo el medicamento. Entonces, dejan de producirlo. O lo producen en menor cantidad. Y si hay escasez, los compradores empiezan a acaparar. Lo vimos en 2021 con los antivirales y los antibióticos: las farmacias se quedaban sin existencias en horas, aunque el gobierno dijera que había suficiente stock.

La Oficina de Responsabilidad Presupuestaria del Reino Unido documentó que, cuando se impuso un tope de precios a la energía en 2021, 27 empresas del sector se quebraron. Lo mismo ocurrió con algunos medicamentos en países que intentaron controlar precios sin apoyar la producción. Las empresas farmacéuticas no son empresas sin ánimo de lucro. Si no pueden cubrir sus costes, dejan de fabricar. Y no hay un botón de “reiniciar” en la cadena de producción de un fármaco. Se necesitan años para volver a tener capacidad.

Un ejemplo claro: en 2023, España tuvo escasez de un medicamento para la epilepsia infantil. El precio oficial estaba congelado desde 2018. El coste de la materia prima había subido un 60%. La empresa que lo producía dejó de fabricarlo. No porque quisiera, sino porque no podía. Tardó 14 meses en volver a tenerlo disponible, y solo después de que el ministerio reajustara el precio y ofreciera subvenciones.

¿Qué soluciones están funcionando?

No todo es malo. Hay estrategias que sí están ayudando. Una de las más efectivas es diversificar las fuentes de suministro. Antes, muchas farmacéuticas dependían de una sola planta en la India. Hoy, muchas tienen dos o tres. Algunas incluso están trasladando parte de la producción a Europa. Alemania, por ejemplo, empezó a subsidiar la producción local de antibióticos en 2022. En un año, las importaciones de esos medicamentos cayeron un 40%.

Otra solución es el uso de tecnología. Empresas que usan sistemas digitales para predecir escaseces (llamados “gemelos digitales” de la cadena de suministro) reducen los tiempos de reacción en un 45%. En lugar de esperar a que se acabe el medicamento, saben con semanas de antelación que habrá problema. Pueden pedir más, cambiar de proveedor o priorizar a los pacientes más vulnerables.

La Unión Europea también ha flexibilizado las normas de competencia durante crisis. En 2021, permitió que empresas farmacéuticas compartieran información sobre inventarios y logística, sin que se considerara colusión. El resultado: las escaseces de medicamentos esenciales bajaron un 19% en seis meses en países como Alemania y Francia.

Ministro con un dossier de escasez de medicamentos, mientras proyecciones holográficas muestran a un niño epiléptico y una hospitalización masiva.

¿Qué viene después? El futuro de los medicamentos

La buena noticia es que las presiones más agudas ya están pasando. El Índice de Presión de la Cadena de Suministro Global, que mide estos problemas, volvió a niveles pre-pandemia en 2023. Pero eso no significa que todo esté resuelto.

La pandemia dejó una lección: las cadenas de suministro globales son frágiles. Ahora, los gobiernos y las empresas están invirtiendo en resiliencia. Pero eso tiene un precio. Producir medicamentos en Europa, en lugar de en Asia, cuesta entre un 8% y un 12% más. Eso se traducirá en precios más altos a largo plazo.

Además, el cambio climático y las tensiones geopolíticas (como el conflicto en Ucrania o las restricciones en China) seguirán afectando la producción. El Fondo Monetario Internacional predice que, hasta 2025, las interrupciones en la cadena de suministro de medicamentos seguirán siendo un 15-20% más altas que antes de la pandemia.

La clave no es volver a como era antes. Es construir un sistema que no dependa de una sola fábrica, un solo país o un solo proveedor. Que pueda adaptarse. Que tenga reservas estratégicas. Que use datos para anticipar problemas. Y que no se deje cegar por la idea de que un precio bajo siempre es mejor. A veces, un precio justo, que cubra costes, es el único que garantiza que el medicamento esté disponible cuando lo necesitas.

¿Qué puedes hacer tú como paciente?

Como persona que necesita medicamentos, no puedes controlar las fábricas en la India ni los precios del gas. Pero sí puedes actuar con información.

  • Consulta el sitio de la AEMPS para ver si tu medicamento está en escasez. No esperes a que la farmacia te lo diga.
  • No acapares. Si compras 6 meses de medicamento por miedo, estás ayudando a que otros no tengan. La escasez se agrava por el pánico.
  • Habla con tu médico. Si tu medicamento se agota, pregunta si hay alternativas terapéuticas equivalentes. No todas las opciones son iguales, pero muchas sí son seguras.
  • Apoya políticas que inviertan en producción local y en transparencia. Un medicamento barato que no llega no es un ahorro. Es un riesgo.

La salud no es un producto más. No se puede reemplazar por otro. No se puede posponer. Y cuando el sistema falla, no son los economistas los que sufren. Son las personas.

¿Por qué hay escasez de medicamentos si se producen en grandes cantidades?

La producción puede ser grande, pero si depende de una sola planta o de una materia prima que se bloquea en un puerto, no sirve. Muchos medicamentos requieren ingredientes activos que solo se fabrican en uno o dos lugares del mundo. Si hay un corte de energía, una huelga, una guerra o un problema logístico, la producción se detiene. Y no se puede reemplazar de inmediato.

¿El gobierno puede fijar precios máximos para evitar que suban?

Sí, pero con riesgos. Si el precio fijado es más bajo que el coste real de producción, las empresas dejan de fabricar. Eso provoca escasez. En 2021, países que congelaron precios de medicamentos vieron cómo las farmacéuticas reducían la producción o retiraban productos del mercado. Un precio justo, que cubra costes, es más sostenible que uno demasiado bajo.

¿Por qué algunos medicamentos escasean y otros no?

Los medicamentos más vulnerables son los genéricos, los de producción compleja (como los biológicos) y los que dependen de materias primas importadas. También los que tienen pocos fabricantes. Si solo hay una empresa que produce un medicamento y esa empresa tiene problemas, no hay alternativas. En cambio, los medicamentos con muchos competidores y producción distribuida tienen menos riesgo de escasez.

¿La pandemia fue la causa principal de estas crisis?

No fue la única causa, pero sí el catalizador. Antes de 2020, ya había escaseces, pero eran menos frecuentes y menos graves. La pandemia expuso una dependencia global excesiva, cuellos de botella logísticos y falta de reservas estratégicas. Desde entonces, los sistemas sanitarios han empezado a reaccionar, pero aún no están preparados para futuras crisis.

¿Cómo sé si mi medicamento está en escasez?

En España, la AEMPS publica una lista actualizada de medicamentos en escasez en su web oficial. También puedes preguntar directamente a tu farmacéutico, que tiene acceso a sistemas nacionales de alerta. No confíes solo en lo que te dice la farmacia. Verifica por tu cuenta.